Cules son las causas psquicas que generan los conflictos conyugales? el matrimonio

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Chile » Regin Metropolitana » Santiago » MATRIMONIO / Viernes 30 de Octubre del año 200 / 13:52 Horas.

Cules son las causas psquicas que generan los conflictos conyugales?
el matrimonio...


Psicolgicamente, los conflictos conyugales tienen con frecuencia dos nicas razones, relacionadas con la regresin a dos fases del desarrollo individual: la simbiosis con la madre y el narcisismo. Por tanto, hay dos tipos de matrimonio particularmente condenados a la crisis: el matrimonio simbitico y el matrimonio narcisista. Por lo que se refiere al primer matrimonio, hay que subrayar que en la fase simbitica el nio experimenta que l y la madre son una nica realidad, y que es imposible para cada uno de ellos pasar sin el otro, en una relacin de dependencia mutua. Quien, por un incidente psicolgico infantil (frustraciones y carencia de gratificaciones), se quede en esta fase (que va de 0 a 2 aos), al casarse, lo har con una figura materna de la que pretender una dedicacin absoluta e irreal. O sea, considerar a su pareja como una parte de s mismo y sufrir cada vez que esa disponibilidad excesiva no se d. Hay mujeres que se ofenden por cada momento que el marido pasa con sus colegas, amigos, parientes o incluso hijos, o si el marido vuelve a casa y se pone a leer el peridico. Y tambin hay maridos que se quejan porque la cena no est nunca preparada cuando vuelven a casa, porque la mujer juega a las cartas con las amigas en vez de pasar la tarde con l, o porque hace su vida o se dedica demasiado al hijo, prefirindolo al cnyuge. Son ejemplos clsicos del modo equivocado de considerar al otro como a la madre cuando se era un beb, ejemplos del llamado matrimonio simbitico. En este matrimonio el simbolismo de sern los dos una sola carne se toma de forma literal y exagerada, y en el inconsciente de al menos uno de los dos no existe el yo y el otro, sino una unin de los dos, o mejor, la pretendida sumisin completa del otro a uno mismo. En el matrimonio simbitico se niega uno a reconocer que su pareja tiene un mecanismo operativo separado que funciona segn un ritmo propio; es decir, existe la pretensin de que el reloj del otro coincida siempre y en cualquier situacin con el de uno. El problema surge cada vez que un cnyuge dice: Mi mujer (o mi marido) no me comprende. Esta expresin suena como un timbre de alarma: indica la pretensin de que el otro tenga que conocer los pensamientos de uno, evidentemente porque lo vive como parte de s mismo, como alguien que debera comprender sin palabras. Otro tipo de matrimonio condenado al fracaso es el contrado de resultas de persistentes exigencias narcisistas. El narcisismo es un momento del desarrollo individual (de 2 a 4 aos) en el que el nio adquiere conciencia de que las necesidades se satisfacen desde fuera; por eso considera a los dems nicamente como personas que sirven para satisfacer sus necesidades. Todo ser humano experimenta personalmente el narcisismo durante la infancia. El nio goza con las frecuentes y habituales aprobaciones que recibe. El mismo goce vuelve a aparecer en la adolescencia, especialmente en los sujetos con dotes estticas especiales. Los que fanatizan este narcisismo, que a niveles medios es normal, necesitan ser amados ms que amar, demostrando as una burda inmadurez. Se dan cuenta o creen tener un fsico muy atractivo que les garantiza ser admirados y cortejados, haciendo aparentemente ms fciles y gratificantes todas las relaciones sociales. Entonces, pueden permanecer perezosamente en esta postura y escoger como estilo de vida la actitud de quien no tiene nada que conquistar sino que lo nico que tiene que hacer es dejarse conquistar. Por algo la palabra se deriva del nombre de un personaje mitolgico de la antigua Grecia, el joven Narciso, que, enamorado de s mismo, quera admirar su imagen reflejada en una fuente. Desgraciadamente, muchos adultos se han quedado estancados en esta fase evolutiva infantil que debera ser transitoria en el desarrollo de la capacidad de relacin con los dems. Y cuando se casan, buscan un instrumento ms que una persona; es decir, se busca al otro no por lo que es, sino porque tiene algo que sirve para compensar lagunas ms o menos graves de madurez personal. Quien ha experimentado variados arrebatos, ejemplos clsicos de narcisismo fatuo, puede reconocerse fcilmente en este tipo de inmadurez, que se puede identificar con el egocentrismo ms exasperado. Muchas infidelidades conyugales hallan su verdadera motivacin en el haber contrado un matrimonio narcisista. Quien se queda en la fase narcisista sigue dividiendo a las personas en dos clases: buenas y malas, y seguir buscando personas buenas, que abandonar al primer desengao, para buscar otras nuevas durante toda la vida. En la infancia, la fase narcisista cesa cuando el nio se da cuenta de que tanto las experiencias agradables como las desagradables son producidas por la misma persona; o sea, cuando recibe una bofetada de su madre, va a llorar al regazo de la madre, y en este momento nos hacemos maduros para unirnos a una persona que humanamente podr defraudarnos, pero sin justificar por ello evasiones ni infidelidades. Entre los mltiples motivos que pueden provocar crisis en un matrimonio estn: Expectativas exageradas: a veces esperamos y pretendemos demasiado del otro, pidiendo cosas que bastaran para hacer huir a todos nuestros amigos si nos mostrramos con ellos tan exigentes. Falta de dilogo: a veces el dilogo cesa por miedo, miedo a herir o a ser heridos. Antes o despus todos los esposos se preguntan: No s si me querra igual si tuviera el valor de decirle abiertamente lo que pienso o siento dentro. Deseo de cambiar al otro: al parecer, la mayor parte de los casados empiezan a hacerlo al poco de casarse y se empean en modelar a la pareja segn sus categoras. Y se lucha y se pelea por culpa de las mismas cualidades que nos haban hecho escoger a la otra persona. Pero cuando nos percutamos de que l o ella tienen intencin de hacernos cambiar, protestamos y nos rebelamos. Sentimos que no somos aceptados por lo que somos, y, por consiguiente, nos resultar imposible poder amar con ternura y autenticidad. El primer nio: a menudo el primer peligro verdadero para la paz del matrimonio llega con el primer hijo, y el test, en tal ocasin, es si la mujer (y a veces tambin el marido) pone en el nio todo su inters, ignorando al otro cnyuge. Podrn entender los padres que la paternidad y la maternidad se pueden transmitir mientras la unidad matrimonial contine? Llegarn los padres a darse cuenta de que slo podrn garantizar a su nio amor, seguridad, aceptacin y calor humano si siguen creciendo en su amor de marido y mujer? Con la llegada de los hijos el peligro lo corre sobre todo la mujer, con el riesgo de convertirse exclusivamente en madre. Por su parte, el padre podra pensar ms en cmo aumentar los ingresos mensuales que en cultivar la relacin de pareja. Cuando faltan las pequeas muestras de amor: descuidar las pequeas atenciones cotidianas una vez casados, cosas que durante el noviazgo eran la regla: detalles, palabras dulces, muestras concretas de afecto, mimos, caricias, etc. No olvidemos que el amor ertico-sexual se basa exclusivamente en la ternura; en caso contrario llegan las neurosis sexuales. Cuando no ve tiene tiempo para estar juntos: los matrimonios entran en crisis porque no tienen tiempo para estar juntos, para mirarse a la cara, para hablarse, para salir juntos ellos solos. Nada podr sustituir nunca el tiempo de estar juntos. Ni el dinero, ni los nuevos electrodomsticos, ni las joyas, ni las pieles, ni una casa ms bonita, ni una cuenta bancaria ms abultada, etc. podrn sustituir el tiempo pasado juntos escuchndose, amndose, compartiendlo, etc.. Pero aparte de las causas de crisis, de las causas psquicas que crean conflictos conyugales, hay que preguntarse: cules son los sntomas ms frecuentes de la crisis convugal, los signos que nos dicen que estamos en crisis? - Dificultad creciente de comunicar o, peor, no hablar nada durante das enteros. - Sensacin de que el amor va y viene, con das en que uno siente que ama a su pareja y otros das en que uno est seguro de no haber amado al otro nunca. - Sensacin de que es el otro quien pone en crisis el matrimonio, no nosotros, sino l o ella, sin duda. - Nos limitamos a existir uno junto al otro, aplastado cada uno por una enorme soledad que nos lleva a la idea de la incompatibilidad y de que no vale la pena hacer nada para superar esa crisis: Somos incompatibles, y basta! Y cada cual empieza a ir por su cuenta, comunicando poco, nos vamos a nuestro rincn a cultivar nuestras aficiones, lecturas, juegos con amigos, etc. - Tener dudas serias, en el sentido de que nos preguntamos si no valdr la pena volver a empezar con otra persona, y entonces miramos alrededor y vemos gente feliz y sentimos poco a poco el deseo de otro campaero. Conocemos en el trabajo o en otro lugar a alguien que tiene nuestros problemas y nos sale espontneo hablar con esa persona, y en un santiamn nos arrojamos uno en brazos del otro. He aqu la infidelidad, que hoy est tan de moda. He aqu la muerte del matrimonio, y el divorcio se convierte en la solucin para todo. Ironas de la vida, a menudo la nueva pareja tiene las mismas caractersticas que la antigua, de la que nos hemos separado; y todo vuelve a empezar desde el principio. Muchas veces las segundas nupcias funcionan, pero puedo aseguraros que es porque nos hemos puesto a trabajar en nosotros mismos y hemos puesto en el nuevo matrimonio la comprensin que debamos haber puesto en el primero. - Luego estn los problemas sexuales: el marido se lamenta de que la mujer es frgida; sta replica que no se siente amada, etc. - Por ltimo, no olvidemos que un gran sufrimiento es buena seal en la pareja, porque mientras logremos sufrir significa que todava queremos al otro, y hay un hilo de esperanza. El amor est muerto y sepultado cuando ya nada nos importa. Aqu conviene decir que la esperanza es siempre lo ltimo que muere, incluso en los conflictos conyugales. Pero aparte de este detallado aunque sucinto anlisis de las causas psquicas de los matrimonios abocados al fracaso, sera til ahora saber a qu fuentes hay que recurrir para lograr un matrimonio exitoso. Despus de aos de experiencia psicoteraputica, puedo afirmar modestamente que lo que necesita una familia sana no es ni bienestar material, ni una excesiva sexualidad de los padres, ni unos hijos majos, ni una casa amplia o apoyos externos: slo se requiere un poco de buena voluntad para mirar con toda honradez a la cara a todas las diferencias que antes de casarse ni se soaba que existieran. Y comprendemos que tenemos que vivir juntos y amarnos a pesar de todas las diferencias que encontramos. Durante el noviazgo se pone el acento en lo que nos une. En el matrimonio, en cambio, afloran las diferencias, a menudo de forma dramtica. Hemos aprendido. es verdad, que el matrimonio no es siempre, o slo, dos personas que avanzan cogidas de la mano; sino que es tambin un ir adelante juntos que requiere un gran esfuerzo para programar y compartir nuestra vida. As se empieza a entender que es una unin que requiere mucho tesn si uno quiere que se mantenga en pie, que es necesario mirar adelante, reflexionar y dialogar. Y terminamos por concluir que el matrimonio funciona slo si nos decidimos a hacer que funcione. Un matrimonio no es nunca un bonito regalo que se entrega a los esposos al final de la ceremonia nupcial. Es algo que los cnyuges construyen con sus manos, da a da trabajando con dedicacin y sacrificio. De qu manera? Por experiencia puedo afirmar que dar amor sin esperar nada a cambio es el elemento esencial de un matrimonio logrado. En otros trminos: se trata del amor incondicional, que a menudo se ve como algo costoso, difcil o borroso. Indicar ahora algunos atributos del amor incondicional que merecen ser subrayados y sobre todo meditados por el lector: 1) Renunciar a querer tener siempre razn. Es la nica, inagotable fuente de problemas y de ruptura de relaciones: la necesidad de decirle al otro que se ha equivocado o, si se prefiere, la necesidad de tener siempre razn, de decir siempre la ltima palabra, de demostrar al otro que no sabe lo que dice, de imponerse como superior. Una pareja sana es una relacin entre iguales: ninguno de los dos ha de sentirse equivocado. No existe un modo acertado o un argumento vencedor: cada uno tiene derecho a tener su punto de vista. Antes de negarle la razn al otro, hemos de poder detenernos a hablar con nosotros misms y decirnos simplemente: S lo que pienso sobre este tema y s que su opinin no coincide con la ma, pero no importa. Basta que yo lo sepa dentro de m; no es necesario quitarle la razn. 2) Dejar espacio a los dems. Cuando amamos a alguien por lo que es y no por cmo pensamos que debera ser, o porque nos satisface, surge espontneo dejarle espacio. La actitud afectiva adecuada es permitir a cada uno ser l mismo. Y si eso comporta algn tiempo de alejamiento entre nosotros, entonces no slo hay que aceptar la separacin, sino facilitarla afectuosamente. Las relaciones demasiado estrechas (me refiero especialmente a los matrimonios simbiticos), destrozadas por los celos o la aprensin, son tpicas de quien piensa tener derecho a imponer a los dems cmo deberan comportarse. 3 ) Borrar la idea de posesin. Tratemos de gozar el uno del otro, no de poseernos mutuamente. Nadie quiere ser dominado. A nadie le gusta sentirse propiedad privada de otro, ni sujeto ni controlado. Todos nosotros tenemos en la vida una misin que cumplir, que resulta obstaculizada cada vez que otro ser humano intenta entrometerse. Querer poseer a los dems es, sin duda, el obstculo mayor en la toma de conciencia de la propia misin. 4) Saber que no es necesario comprender. No tenernos obligacin de comprender por qu otro acta o piensa de una manera determinada. Estar dispuestos a decir: No entiendo, pero es igual es la mxima comprensin que podemos ofrecer. Cada una de mis tres hijas tiene una personalidad y unos intereses propios. Adems, muy a menudo lo que les interesa a ellas no tiene inters para m, o viceversa. No siempre es fcil superar la conviccin de que todos deberan pensar y comportarse como yo, pero intento frenarme y, cuando lo consigo, pienso: Es su vida, han venido al mundo a travs de m, no para m. Protgelos, presrvalos de actitudes autolesivas y destructivas, pero deja que vayan por su camino. Rara vez entiendo por qu ciertas cosas les apasionan, pero a menudo he conseguido pasar por alto la necesidad de entenderlo. En la pareja hay que superar la necesidad de entender por qu al otro le gustan determinados programas de televisin, por qu se acuesta a cierta hora, por qu come lo que come, lee lo que lee, se divierte con ciertas personas, le gustan determinadas pelculas o cualquier otra cosa. Recordemos que dos estn juntos no para entenderse, sino para ofrecerse ayuda mutua y realizar su misin de mejorar. Y una grandsima aportacin a todo esto es el llamado arte de la conversacin, un arte que tiene cinco reglas: sintonizar el canal del otro; mostrar que estamos escuchando; no interrumpir; preguntar con perspicacia; tener diplomacia y tacto. De estas reglas me parece importante detenernos en la escucha porque, parecer raro, pero las parejas en crisis no saben escuchar; y en mi actividad profesional tengo que trabajar a menudo sobre cmo reactivar la atencin y poner el acento en el proceso de escucha, pidiendo a cada uno que se concentre no en las palabras que se dicen sino en otra cosa. Qu oye. por ejemplo. en la voz del que habla? Est bien calibrada y suave. o es dura y agresiva? Lo mismo con el tono y la inflexin: llana, metlica, montona o excitada y contagiosa? A veces nos sorprendemos de mensajes totalmente nuevos o diferentes con respecto a las acostumbradas comunicaciones familiares, que se captan cuando uno deja de escuchar las palabras y presta atencin a otros aspectos. Una actitud tpica de la falta de escucha se tiene cuando se usan las siguientes palabras: S,... pero. si al menos.... Me gustara abrir un pequeo parntesis sobre otras actitudes equivocadas en la pareja, que son las pretensiones. Por ejemplo, pretender que el otro tenga que amar a los padres y a la familia de uno. Digamos que me podra agradar que el otro trate a mi familia con respeto, pero no tiene que amarla obligatoriamente. O bien pensar que si uno te ama de verdad, tendra que saber lo que necesitas. Es lo que yo llamo pretensiones de telepata. por lo que quiz es til declarar nuestros deseos de manera abierta y clara. Quien te ama de veras tiene derecho a que le pongas al corriente. Otra idea: es un error pensar que pedir disculpas lo borra todo. porque las disculpa son palabras. mientras que son mas importantes las acciones correctivas. Pero volvamos a lo de saber escuchar. Todos hemos hecho la experiencia bonita y liberadora de estar en presencia de una persona tranquila que nos deja ser lo que somos, que no juzga, que no echa sermones, que se ensimisma en nuestras experiencias, que est con nosotros, totalmente presente; en una palabra, que se hace uno con nosotros. Pues bien, sta es una persona que nos escucha. Si en cambio alguien empieza a juzgarnos, a darnos consejos, hay menos espacio para que surja algo verdadero e importante, quiz nuevo. En la pareja, que cada uno recuerde que la escucha debe ser pura, limpia, sin estar pensando qu va a decir despus. Para concluir, los signos del verdadero amor matrimonial son: aceptarse mutuamente como somos; el deseo de hacer lo que al otro le agrada; el estar dispuestos a allanar las diferencias conforme afloran; la conciencia de que se ha de construir la unidad matrimonial y no el orgullo personal y las propias razones; el esfuerzo de pensar en trminos de nosotros y no de yo; la sensacin de ser dos compaeros que trabajan juntos por la misma causa; la constante tensin hacia un estilo de vida que ya no es mi estilo o el tuyo, sino el de ambos, y que tiene sus races en un amor sobrenatural. Para casarse bien, hay que ser tres: l, ella y el Amor. Cp-mo

Fuente
http://www.mercaba.org/CONSULTAS/pregun-001.htm








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