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Las razones para separarse
y seguir en la misma casa ...




María Teresa y Mario viven juntos hace 32 años. Además de ser padres de tres hijas, los une el vivir bajo un mismo techo y una libreta matrimonial. Pero en la práctica, hace cerca de 15 años que apenas se hablan y hace 10 que duermen separados. "Nunca han hablado de separarse" cuenta Mariana, la hija mayor. A simple vista, lo más lógico sería que cada cual rehiciera su vida, pero "ninguno se quiere ir de la casa, aunque pasan períodos en que pelean todo el día", cuenta. Incluso, la madre de Mariana no descarta que su marido tenga una pareja, "aunque siempre que no haya ningún perjuicio económico para la familia y que tenga claro que la casa es un bien familiar, de ella, mis hermanas y yo", dice.

Separaciones como ésta antiguamente se daban más, pues no era bien visto hacer público el quiebre matrimonial. Hoy siguen ocurriendo en parejas que llevan mucho tiempo casadas, pues prefieren soportarse antes que comenzar un nuevo sistema de vida. Pero cuando suceden entre los más jóvenes, "suele corresponder a la etapa previa a una separación completa", dice el siquiatra Juan Ariel Zúñiga.

Una de las razones que las parejas esgrimen para seguir compartiendo casa es el factor económico: puede haber deudas y gastos que impidan mantener otro hogar o ninguno está dispuesto a bajar su nivel de vida, por lo que se mantiene la situación.

Generalmente, cuando una pareja que ya no se aviene sigue viviendo bajo un mismo techo, no hay una decisión conversada, sino que paulatinamente se comienzan a distanciar. "Hay una falta de comunicación enorme. Las parejas no se atreven a enfrentar el conflicto, a conversar y finalmente tomar una decisión... En realidad no se han separado, sino que se mueven dentro de este acuerdo tácito", explica el sicólogo de la Universidad Diego Portales, Felipe Abé.

En este tipo de relación, agrega Abé, "uno de los problemas es que no hay límites claros. Nadie sabe hasta dónde puede llegar", por lo que ambos comienzan a actuar sin conciencia de la forma en que está viviendo este proceso el otro. "Ambos comienzan a hacer una vida social aparte y eso puede irritar al otro", dice Zúñiga.

Esperanza de reconciliación

Quienes optan por seguir viviendo bajo el mismo techo corresponden, en general, a perfiles de personas muy dependientes y excesivamente neuróticas, según describe Juan Ariel Zúñiga. "Sienten que estar en una casa es ser parte de una familia, aunque sea legal no más. Lo ven como una seguridad frente a la sociedad y a la soledad. Se tienden a aferrar a una relación que ya está destruida en su base, pero que les da mayor seguridad que el vivir solos", indica.

Además, ocurre mucho que una de las partes cree que esta alternativa les da la posibilidad de reconciliarse. Según Zúñiga, "a quien guarda la esperanza le hace mucho daño, porque está con una expectativa ansiosa, se derrumba su autoestima cuando se va dando cuenta que eso no sucederá y las frustraciones son cada vez mayores, sobre todo cuando intenta un acercamiento sexual. La duda de que exista otra persona le atormenta y los celos le corroen. En el fondo, es una gran sensación de inseguridad y de dependencia".

Quiebre definitivo

En general, la ruptura definitiva se precipita cuando alguno de ellos encuentra una nueva pareja. "Al principio se mantiene como una relación paralela, de infidelidad", dice Zúñiga, aunque la relación de pareja no exista con el cónyuge. Para el siquiatra se trata de otra señal del carácter dependiente de las personas. "Muchos esperan a estar realmente preparados para irse de la casa y mantienen esta relación con su ex por mucho tiempo, hasta que por fin se deciden", concluye el siquiatra.

El efecto que se causa a los hijos

Una de las excusas más frecuentes que esgrimen las parejas fracasadas para continuar viviendo en el mismo hogar es la necesidad de una familia unida para los hijos. "Al no enfrentar como papás la situación de pareja, se les envía un mensaje erróneo a los niños sobre cómo resolver los conflictos, que es no enfrentándolos", explica la sicóloga del Servicio FonoInfancia (800-200818), de Integra, Cecilia Calvo. Además de que tengan que presenciar peleas o advertir la amargura de sus padres, la angustia que puede producir esta situación en los menores es grande, ya que se les endosa un problema de adultos. "Se les responsabiliza a ellos de que sus padres mantengan una situación dañina y dolorosa", señala la sicóloga de FonoInfancia.

La experta agrega que si los padres realmente no se puedan separar por un motivo económico o de fuerza mayor, lo importante es aclarar la situación y poner fechas concretas de separación, incluso con calendario en mano. Además, se debe explicar claramente a los niños que se acabó la relación de pareja, para que no tengan la fantasía de que sus padres se reconciliarán, lo que siempre sucede cuando se mantienen juntos.

CP-mo





Fuente
http://www.icarito.cl/medio/articulo/0,0,3255_5726_31449585,00.html















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