Chile » Región Metropolitana » Santiago » FAMILIA / Lunes 17 de Agosto del año 2009 / 21:12 Horas.

Características de la familia
Seguridad y permanencia...




 

Para poder desarrollarse adecuadamente los niños necesitan sentirse y saberse amados. Un niño que se sabe amado, como sólo se puede amar en la familia, es un niño seguro de sí mismo.

 

Seguridad y permanencia

 

La familia es el ámbito natural del amor. En la familia los padres quieren a sus hijos como son, es decir, no los quieren porque sean más guapos o más inteligentes o porque sean niño o niña o porque hagan las cosas bien o mal (como sucede en la sociedad), sino que los quieren como son (en lo más profundo), aunque sean poco agraciados o poco dotados, simplemente porque son sus hijos, porque ellos les dieron la vida y son sangre de su sangre. Aunque el cariño de los abuelos o de los tíos sea muy grande, nunca podrá ser como el amor de los padres por sus hijos. Esto es lo natural y lo propio de la familia, aunque todos conozcamos excepciones.

 

Para poder desarrollarse adecuadamente los niños necesitan sentirse y saberse amados. Un niño que se sabe amado, como sólo se puede amar en la familia, es un niño seguro de sí mismo. Y esta seguridad le permitirá desenvolverse socialmente y triunfar en la vida. La aceptación incondicional produce la seguridad que la persona necesita para mejorar.

 

Todo lo contrario sucede con el niño que no se sabe amado: no se da cuenta de sus posibilidades y por ello no confía en sí mismo ni en los demás. Suele ser un niño retraído, lleno de temores, desconfiado e incapaz de lograr una madurez personal y social.

 

Estilo personal

 

Es lógico que una persona que no es estable en sus relaciones con los demás termine siendo inestable en otros aspectos de su vida. Para crecer la persona necesita raíces emotivas y raíces históricas de pertenencia a una proceso que comenzó hace mucho y que seguirá adelante. La familia, con la confianza que propicia y que le es propia, permite ese arraigo básico que todos necesitamos. Sin embargo, la confianza, aún cuando es la característica más importante para crear las condiciones de arraigo, puede ser complementada por muchas otras cosas. Por ejemplo, una persona está muy influida por la disposición física de los objetos en su casa: la foto del abuelito, una receta de alguna tía, etc. Estos objetos le muestran a los miembros de la familia que ellos son parte de una trayectoria. Por otra parte, los hijos salen al mundo y encuentran en él obstáculos y desilusiones. Al volver a sus hogares, aunque se quejen de éstos, necesitan encontrar la seguridad de la aceptación de sus padres y de la estabilidad de las relaciones familiares, mismas que quedan plasmadas en algunos detalles, como puede ser la permanencia de esos objetos de adorno, que crean en parte el ambiente específico de esa familia, lo no repetible de cada hogar. Por eso podemos afirmar que, en la familia, cada miembro tiene posibilidades de desarrollarse con un estilo personal; no decimos que llevado al azar por influencias externas, sino convencido por el descubrimiento de los distintos valores que se traducen en criterios o en formas de comportamiento.

 

El árbol, mientras más raíces echa, más crece. Algo similar le sucede a la persona: ésta, para crecer, necesita echar raíces.

 

Raíces emotivas. Se refieren a la necesidad de saberse amado y de saber que ese amor es para siempre. Ello da la confianza básica para la seguridad personal.

 

Raíces históricas. Aluden a la necesidad de saber de dónde procedemos, la cual se satisface por medio de las tradiciones familiares que se van heredando de generación en generación y que ayudan a la persona a tener una identidad más definida y a ir desarrollando un estilo personal.

 

El hombre desarraigado y despojado de una finalidad no puede madurar.

 

Somos los testigos de una cultura que nació hace cinco siglos, pero que hoy sufre un lento deterioro debido al atractivo que ejercen sobre ella ciertos antivalores y la influencia de una cultura moderna que se ha centrado en lo material.

 

La educación necesita recuperar los valores perennes de la cultura del pueblo y denunciar los falsos valores. Se encuentra ante el desafío de descubrir e inventar caminos que la lleven a reencontrar su identidad, tomando en cuenta las raíces profundas del alma cultural del mexicano, sus valores, sus símbolos, sus aspiraciones, su manera de ser, sus luchas por sobrevivir y progresar, sus cualidades y, también sus defectos.

 

Decimos que una persona tiene estilo cuando tiene una personalidad propia y enriquecida por valores personales descubiertos en su familia; cuando está fortalecida por la confianza y la seguridad de saberse amada, y cuando su desarrollo se respalda en la educación recibida.

 

La familia es el ámbito natural donde la persona descubre valores, es aceptada por lo que es y recibe la educación necesaria para desarrollar su estilo personal.

 

La sociedad necesita de personas así, con estilo personal y capaces de enriquecer a la sociedad porque ellas han sido enriquecidas por sus familias, de dar y recibir de la sociedad porque son personas capaces de amar en la misma medida en que han sido amadas, lo cual les da la seguridad necesaria. Estas personas son responsables porque han desarrollado su autonomía en el ámbito educativo por excelencia: la familia.  

 

Cp-nsl





Fuente
http://www.sembrarfamilia.org/articulo.php?id=172















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