Chile » Región Metropolitana » Santiago » FAMILIA / Jueves 09 de Julio del año 2009 / 21:45 Horas.

ALIMENTACIÓN EN LA VEJEZ
Causas de una malnutrición...




 

La alimentación es fundamental para una vida saludable. Tanto así, que la vejez de una persona depende, en gran parte de los hábitos nutricionales que haya cultivado. El geriatra de la Clínica Las Condes, Carlos García, explica que “buenos hábitos alimentarios en etapas anteriores a la tercera edad mejoran las posibilidades de un envejecimiento exitoso”.

Por el contrario, las consecuencias de una mala alimentación previa se traducen en diferentes enfermedades que repercuten en la tercera edad. Según el especialista, “un individuo que carece de una alimentación sana, aunque no sea obeso, puede presentar más adelante patologías como diabetes y osteoporosis”.

 

Pero el que los hábitos alimentarios de una persona no hayan sido adecuados no significa que esté todo perdido. A los 65 años, todavía es posible hacer cambios. Según el Dr. García, “muchos ancianos logran revertir sus parámetros metabólicos, evitando, por ejemplo, la aparición de diabetes a través de la disminución adecuada de la presión y el colesterol”. Lo mismo podría suceder en el caso de la osteoporosis, cuando se incluyen calcio y vitamina D a una dieta que presenta déficit en estos aspectos.

Cambios fisiológicos

Se tiende a pensar que las carencias nutricionales en el adulto maor se explican por los cambios que se producen en el organismo. Pero el Dr. García es enfático en aclarar que desde el punto de vista de la malnutrición, no son relevantes.

Dentro de estos cambios destaca una dentadura incompleta. Asimismo, la alteración progresiva de la motilidad del esófago, estómago e intestino. “Se mueven menos, de manera descordinada, lo que dificulta el proceso de tragar”, explica el geriatra.

Ambas situaciones obstaculizan procesos como la masticación y deglución por lo que, muchas veces, los ancianos se limitan a ingerir alimentos blandos que no siempre son completos nutritivamente.

 

Causas de una malnutrición

Las tres causas más frecuentes de malnutrición en el adulto mayor son la acumulación de enfermedades crónicas y los problemas funcionales y sociales provocados por el paso del tiempo. Patologías como la artritis, diabetes, hipertensión y artrosis exigen la ingesta de medicamentos. “Cuando hay muchos fármacos dando vueltas lo más probable es que haya una disminución del apetito”, afirma el Dr. García. Asimismo, la dificultad para desplazarse y cocinar es un factor que inhibe las ganas de comer.

 

Aunque es inconveniente generalizar, la deficiencia de vitamina D y calcio son las más comunes. Afecta a más del 80% de los mayores de 80 años y principalmente se debe a una baja ingesta de esa vitamina y a la poca exposición al sol.

Son varias las alteraciones relacionadas a estos déficit. Además de la osteoporosis, en los hombres produce una disminución de la actividad vital o astenia. Se trata de una sensación de debilidad tanto física como mental. “Esto lo vemos en aquellos adultos mayores profesionales que siguen trabajando y se van dando cuenta de que no son los mismos; les cuesta más relacionar datos, recordar cosas, están más cansados, les cuesta ir a la oficina, entre otras cosas”.

Los déficit de nutrientes en el adulto mayor son reversibles casi completamente cuando se toman las medidas y se logran diagnosticar en forma precoz. Las formas de tratarlos son, en primera instancia, aumentando la ingesta del nutriente deficiente a través de su fuente natural. Si la carencia es importante o la persona no es capaz de ingerirlo, se recetan suplementos alimentarios específicos para cada déficit.

 

Condiciones como la soledad y presencia de enfermedades que requieren de fármacos propician una mal nutrición en los ancianos.

 

El 80% de los mayores de 80 años posee déficit de vitamina D y calcio.

 

UN POCO MÁS DE AGUA

> Un adulto mayor necesita la misma cantidad de agua que un joven, pero a medida que envejece se va perdiendo la sensación de sed.

> Además, se producen alteraciones en cuanto a la regulación de la temperatura. Esto hace que los ancianos deban tomar un poco más de líquido que lo que la sensación de sed les pida. “Respecto al agua hay que insistir, porque habitualmente están levemente deshidratados y esto afecta a su organismo por completo” explica el Dr. García.

Cp-nsl





Fuente
http://www.hacerfamilia.net/new/index.asp?pag=articulos&id=1745















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