Las mentiras de los niños. Conflictos en la familia

Durante la infancia las mentiras son muy frecuentes, por lo tanto –dentro de determinados límites- son normales. Pero otras veces, se convierten en hábitos que pasan a formar parte de la personalidad de nuestro hijo. Puede ser por inseguridad, por defensa, etc. Hay muchos motivos que pueden dar origen a la mentira. ¿Por qué? ¿Hay necesidad? ¿Las podemos justificar? ¿Cómo se evitan?

¿Por qué miente?

“Un día de las mamás de los amiguitos de Camila (mi hija) me empezaron a tratar con grandes miramientos. No permitían que estuviese parada, me sonreían con afectuosa comprensión… Yo no entendía nada. Hasta que la mamá de Carlitos me preguntó con alegría en su sonrisa: ¿Para cuándo esperas el bebé? Ahí poco a poco, empecé a comprender todo. Camila, mi pequeña de cinco años, le había contado a todos sus amiguitos que su mamá estaba embarazada y pronto le traería un hermanito”.

Episodios como éste son frecuentes, y es en vano reaccionar con enojo o indignación, ya que esta “mentira” es producto de un deseo concreto. Camila se sentía sola y… ¡qué mejor compañía que la de un hermanito! Entonces empezó a inventar. No olvidemos que para los niños pequeños, como Camila, por ejemplo, la palabra tiene un poder mágico; en la expresión verbal, la fantasía se confunde con la realidad; una cosa dicha se vuelve posible y real.

Mentiras de todo tipo…

Existen distintas clases de mentiras; por lo tanto, antes de tratarlas en forma general debemos conocer las motivaciones que las originan.

  • Mentiras “fantásticas”. El niño pequeño miente porque todavía es incapaz de distinguir la realidad de la fantasía, pero sobre todo porque su juego favorito es fingir (actuar). Nos contará, por ejemplo, que durante un paseo por el zoológico, conversó con los monos, evidentemente se trata de la transposición, en términos de realidad, de un mundo fantástico, propio de su edad. En estos casos, no podemos hablar de “mentira”, la denominamos fabulación. Estas mentiras no son dañinas, no deben preocuparnos. El tiempo y el crecimiento le enseñarán a delimitar en forma más nítida el reino de la fantasía y el de la realidad. Sólo debemos recurrir a un especialista si esta tendencia a la imaginación permanece durante mucho tiempo y se presenta acompañada por la tendencia a encerrarse en un mundo fantástico y privado.
  • Mentiras “auto-defensivas”. Puede ser que nuestro hijo mienta por autodefensa. Esto puede significar que nuestras reacciones ante sus errores han sido excesivas. Él teme ser castigado por nosotros. Puede ser que lo que él teme, por encima de todas las cosas, es un juicio demasiado rígido, no desea ver nuestra desilusión frente a su comportamiento (el castigo no necesariamente debe estar representado por una paliza o una penitencia). Mentirá por miedo a ser mal juzgado, pero así hará más duros nuestros juicios – ya severos- y aumentará en él la sensación de culpabilidad. Mentirá porque siente que nosotros no sabemos comprender o perdonar sus error … Aun si este error debe ser corregido, reprocharle y castigarlo significa, en este caso, justificar el miedo que ha originado la mentira, con el inevitable resultado de que, si nuestro hijo es inteligente, la próxima vez tratará de “mentir mejor”
  • Mentiras para auto-afirmarse. Imaginemos que nuestro hijo siente la necesidad de impresionar mintiendo. Esto significa que el pequeño sufre de algún sentimiento de debilidad o inferioridad. Si nosotros lo desenmascaramos, lo único que lograremos es mortificarlo y, además, se acrecentarán en él aquellos sentimientos que son la raíz del problema. Lo que debemos hacer es preguntarnos por qué se siente débil e inferior; si nosotros –casi inconscientemente-no nos oponemos con excesiva frecuencia y sin motivos a sus deseos.
  • Mentiras “pasajeras”. El niño más grande puede decir algunas mentiras, aparentemente sin sentido para nuestro criterio “de adulto”. Son las mentiras transitorias, que cumplen la función de resolverle al niño el problema de que no se siempre debe comentar todo delante de los adultos. Estos son los primeros e inseguros intentos de afirmar su autonomía y su derecho a la intimidad.

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